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Todos los miércoles Santiago sale de su casa, la Residencia para mayores Virgen de la Concepción de Navalcarnero para dar la bienvenida a Ana Julia, Mamen, Marino y su tropa de perros, antes abandonados, para participar una tarde más en una sesión de terapia asistida con perros.
"Ahora no parece la misma persona. Está más hablador, más entusiasta. Pero no sólo cambia la tarde en la que se realizan las actividades sino que durante la semana pregunta por los perros, está atento ante su llegada para poder cumplir con su responsabilidad de salir a recibirlos", comenta Robledo. Pero él sólo es un ejemplo de otros tantos con nombres propios, como el de Paquita, Lola, Mercedes, María o Ana, a la que se le cambia la cara cada vez que tira la pelota de tenis a Gastón, un golden precioso, para que se la vuelva a traer.
Trabajar la movilidad de estas personas mayores, su capacidad para comunicarse y salir del aislamiento provocado por enfermedades como el alzheimer o hacer que la residencia se desinstitucionalice son algunos de los retos marcados por los promotores del programa aunque siempre depende de cada persona.
Al preguntarles por los resultados que está teniendo esta actividad, tanto José Ignacio Robledo como Marino Martínez, instructor de estos perros, parece que tienen miedo a mostrarse demasiado eufóricos. "Es demasiado pronto y nos faltan las herramientas objetivas que nos permitan medir y poner en papel cómo está influyendo la terapia en estas personas, aunque, por el momento, intuitivamente, podemos decir que está siendo eficaz", según Robledo.
Y eficaz en dos sentidos. Los perros con los que se trabaja son perros que no tenían dueño, de la Sociedad Protectora de Animales de Alcalá , donde son seleccionados los que pueden comenzar a ser adiestrados para esta terapia. El entrenamiento corre a cargo de Hidra, asociación que lleva en marcha desde diciembre de 2000, y que lo hace en función del trabajo a realizar, ya sea con minusválidos, discapacitados o mayores.
HACER DE UNA RESIDENCIA UN HOGAR
Para Robledo, "la idea general de la asistencia a los mayores de las residencias no es tanto la enfermedad como la dependencia. Se trata de conseguir que obtengan el mayor grado de independencia posible y para ello lo más importante es la funcionalidad. Si no tienen capacidad de vestirse o comer solos, no tendrán independencia. En este caso, el perro actúa como un estímulo".
Y parece que el doctor Robledo y el resto de profesionales que trabajan en la Residencia Virgen de la Concepción lo están consiguiendo. Nada más entrar, llama la atención la luminosidad, la decoración (fotos y cuadros por todas partes) y el buen trato con el que atienden a las 60 personas que viven allí. ""Estamos abiertos a cualquier alternativa que no haga de esto un hospital o un centro demasiado institucionalizado"", asegura Robledo.
"Si no se entiende bien lo que es una residencia la profesionalización puede producir una institucionalización excesiva. Lo ideal es una profesionalización importante pero sin olvidar que ésta es la casa de estas personas. El modelo de convivencia de una residencia no existe. No es un hospital, no es un cuartel, no es un colegio, no es un hotel, es un sitio donde vive gente con un grado de dependencia determinado y lo que nosotros hacemos es tratar de cubrir el espacio entre lo que ellos quieren y lo que ellos pueden".
Ciertamente, escuchando frases como la de Paquita: "el día que sé que van a venir, soy la mujer más feliz del mundo; pero dura tan poco...", no cabe duda de que están consiguiendo los objetivos que se plantearon cuando decidieron poner la terapia en marcha, aunque estos no sean pocos. ¡Qué siga siendo así!.
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